Las ramas de los árboles se minan de retoñitos verdes un poco antes de la primavera. Las golondrinas aguardan la mañana del 21 para revolotear. Abejas a la flor. Nubes queriendo llover. Y yo previo pleno solsticio de primavera espero que vengas tú.
Para que te enredes en mis dedos con tu melena negra. Para
acoplar mis palmas con suaves caricias por las armónicas curvas de tu cuerpo.
Para trasnocharme mirando tus ojos, oscuros. Noche intermitente. Solsticio de
primavera para besarte, para acomodar mis mejillas en tu vientre y sentir como
el roce de mis barbas te enrojecen la piel.
Estoy esperando tu llegada como pasajero que anhela su
destino, que aguarda en la puerta de salida. Para tomarte de la mano y andar
por ahí, por cualquier parte, dispersos como astros fugaces por la estática
calle que nos vea pasar, por el techo indiferente, por las tiendas y sus cosas.
Paseo de amantes, el tuyo el mío. Extraños para la mayoría del mundo. Conocidos
el uno del otro.
Antes de esta primavera, la luna se puso roja, como nuestras
caras al decirnos “estoy contigo”. Antes de esta primavera se unieron mar y
río, se mojaron las arenas sueltas y rocas de mediano tamaño. Los elementos
inconexos se han unido y ahora andamos entre y sobre ellos: dos reyes, madera y
tierra.
Verdes retoñitos han de florecer los días próximos. Días de
colores, de frutos, de sombras, de mareas crecidas y de prosperidad,
prosperidad nuestra, de previa sequía y divina felicidad.
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10 de abril, yo tuyo y tú mía
17 de abril, nos cantamos juntos
23 de abril, nos enamoramos